A las 20.00 horas se inició la Santa Misa que presidió el obispo de la Diócesis de Osorno, Carlos Godoy Labraña, y concelebraron el párroco de la parroquia Espíritu Santo, padre Juan Pablo Wewo SVD; sus hermanos de congregación: padre Aures Da Silva, vicario parroquial; padre Juan Delau y el padre José Miguel Alvarado.
También acompañaron el Vicario General, padre Cristian Cárdenas y el padre Miguel Molina, además del diácono Carlos Barría, y los acólitos de la comunidad parroquial que apoyaron el servicio en el altar.
Al momento de la ofrenda, junto al pan y al vino, la comunidad presentó flores, “signo de nuestro amor a nuestra Madre, Virgen de Czestochowa, para que Ella también nos acompañe en nuestro camino, en nuestro diario vivir. Presentamos un rosario que representa nuestro deseo de permanecer unidos a ejemplo de nuestra Madre, Primera Discípula de su Hijo Jesucristo”, leyó el guía de la celebración eucarística.
Continuó su lectura: “Presentamos una canasta familiar, signo de nuestro deseo de seguir el camino de Jesús, siendo solidarios y no egoístas, y compartiendo nuestra vida con los más necesitados. Presentamos también unos recuerdos que queremos dejar y entregar al celebrar este día tan especial, para que seamos más comprometidos en nuestra fe y en nuestra Iglesia”.
Reflexión del Obispo Carlos
Al iniciar su homilía el obispo manifestó su alegría de poder celebrar por primera vez la eucaristía “en esta bonita capilla, que hoy nos acoge para celebrar esta fiesta significativa para ustedes. Es un aniversario, un año más, donde le dan gracias al Señor por la vida y por lo que hemos vivido especialmente en este último año. Esta capilla que recuerda la advocación de la Virgen María más venerada en Polonia, advocación que se hizo muy famosa a propósito del ministerio de San Juan Pablo II”.
Respecto del texto de las Bodas de Caná, el Pastor de la Iglesia osornina dijo que es un relato que “nos puede ayudar en nuestra experiencia de fe”, y aseguró que en este pasaje según el evangelio de Juan: “María nos enseña a confiar en el Señor, a depositar las esperanzas en su corazón y en su bondad, y es por eso que particularmente en los momentos más complejos y más difíciles parece urgente depositar la confianza en Jesús, quien nos ofrece consuelo, paz, alegría y nueva vida”.
También destacó que, en la cultura campesina de Galilea, “el vino representa la alegría y el amor”, y cuestionó qué pasaría en una comunidad cristiana, en la Iglesia si faltaran ambos sentimientos, “entonces, por eso mismo creo que la confianza en Jesús es también confianza en su poder, en este caso animado por su mamá. Jesús interviene en la fiesta convirtiendo el agua en vino”.
Aseguró que dicha actitud del Señor contrasta con la de los fariseos y de los dirigentes religiosos de aquel tiempo, que en lugar de “proponer el evangelio de la alegría y del amor, plantean una religión rígida (…) la intervención de Jesús va a introducir alegría y amor a esa religión dura, a esa religión rígida, y de la misma manera también a nuestra comunidad. Pensemos que nuestra comunidad necesita de la alegría y del amor de Jesús para evitar transformarnos en una religión intransigente”.
“Pidámosle al Señor entonces, en este aniversario que Él nos regale la gracia de ser más alegres con nuestra vida y con nuestra manera de vivenciar el evangelio, con nuestra manera de ser comunidad entre nosotros, que nos expresemos alegremente el cariño, la bondad, el respeto, el perdón”, añadió en su homilía el obispo de Osorno.
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